jueves, 29 de octubre de 2009


Hasta hace poco tiempo hablar sobre enfermedad mental o "locura" era muy simple. El hospital psiquiátrico o asilo era la única respuesta a los problemas de enfermedad mental. Si eras lo suficientemente desordenado de sufrir de un problema psiquiátrico el futuro que te esperaba era extremadamente pesimista y en la mayoría de los casos se reducía a pasar el resto de sus días en una institución psiquiátrica. Los viejos asilos tenían características que de ninguna manera favorecía un proceso de desarrollo de las personas enviadas allí. Soledad, una ausencia de tratamiento adecuada, carencia de intimidad, masificación, tratamiento de la enfermedad, infrigencia de derechos individuales, carencia de libertad, negación de una persona y de sus proyectos de vida, marginación, etc.. eran características fácilmente reconocibles en estos tipos de instituciones. Para resumir, los viejos hospitales psiquiátricos eran construidos como lugares para excluir y marginar, cuya primera función era sacar de la sociedad aquellas personas con desórdenes psiquiátricos, hacinedo este grupo invisible al resto de su comunidad. Por otro lado, los recursos terapéuticos, tanto farmacológicos como psicosociales eran en aquellos tiempos insuficientes y obviamente ineficientes en obtener mejoras significativas en personas que padecían una enfermedad mental seria. Muchos de estos tratamientos eran agresivos, dolorosos y proporcionaban pocos beneficios a la persona. Tan sólo necesitamos recordar algunos de éstos:

electroshock, comas inducidos por insulina, aislamiento, duchas de agua fría y caliente, lobotomía, etc..Estas intervenciones producían un daño irreparable a las personas, y en el peor de los casos, la muerte. Otros caminos para afrontar la enfermedad, tales como métodos psicosociales eran casi inexistentes y aquellos que se introdujeron provenían de la motivación y buenas intenciones de los profesionales quienes estaban intentando disminuir el sufrimiento de los pacientes en las instituciones, y consecuentemente apuntaban a conseguir una mejora en ellos. Estos eran tiempos conde todo relativo a la salud mental, locura y ayuda psiquiátrica se movían en un mundo oscuro, marginados desde los sistemas de protección social o de salud. No es que la ayuda psiquiátrica fuera la última de la lista de la asistencia social de salud, sino que en muchos casos no se había planteado y el apoyo colectico llegó a ser responsabilidad de las instituciones religiosas o caritativas. Estas instituciones consecuentemente jugaron un papel fundamental y en múltiples ocasiones constituían la única respuesta a los problemas de enfermedad.

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